lunes, 14 de noviembre de 2011

Resumen Cien Años de Soledad Capítulos XVII - XVIII

           Capítulo XVII
Aureliano pasaba mucho tiempo en el cuarto de Melquíades. Siempre estaba leyendo o platicando con él, que apareció poco después de la muerte de José Arcadio II y Aureliano II. Mientras más avanzaba Aureliano en sus estudios, Melquíades parecía estar más y más ausente, hasta el día en que despareció totalmente, dejando por primera vez su cuarto vulnerable al polvo y a las inclemencias del tiempo.
Después de la muerte de Aureliano II, Petra Cotes seguía manteniendo a la familia, obviamente desde el anonimato. Santa Sofía de la Piedad no paraba de trabajar tratando de arreglar las cosas y de recuperar la antigua casa, sin embargo la muerte de Úrsula la había quebrantado. Tiempo después se fue para siempre diciendo que ya no podía más con todo, fue la primera muestra de determinación que mostró desde que degolló el cadáver de José Arcadio II para asegurarse de que no lo enterraran vivo.
Aureliano y Fernanda no compartían ni siquiera la soledad. Fernanda estaba por fin tranquila, se sentía como antes vivía en la casa de sus padres y poco a poco fue perdiendo la noción del tiempo. Aureliano había traducido parte de los pergaminos de Melquíades, cosa que no habían logrado su predecesores, pero no pudo descifrarlos por lo que le pidió permiso a Fernanda de salir a buscar libros que lo ayudaran, ella se lo negó.
Fernanda se había hundido tanto en su soledad que Aureliano no había sabido nada de ella hasta el día en que la encontró muerta. Cuatro meses después llegó José Arcadio vestido con sus túnicas de sacerdote pero no quiso saber nada de Aureliano. Tiempo después este se enteró de que nunca había ido al seminario y que había abandonado los estudios poco tiempo después de iniciarlos y que ocultó la verdad porque pensó que iba a recibir una gran herencia.
José Arcadio también cargaba con sus propios fantasmas. Aún después de tantos años seguía evocando a Amaranta y la veía como lo único bueno que había tenido. Desde que tenía memoria siempre había tenido miedo a todo, a lo pasaba, a lo que no y a lo que podía o tenía que pasar. Su único pasatiempo era invitar niños a jugar a la casa para poder sentir un poco de alegría. Los niños se ocupaban de su cuidado personal pero hicieron muchos desastres, hasta que un día ya no volvieron.
Aureliano finalmente se decidió a salir a buscar sus libros. Un día José Arcadio encontró el San José de yeso lleno de monedas y mandó restaurar la casa. Esto fue hecho en vano, ya que cada vez estaba más y más acabada, igual que ellos. José Arcadio y Aureliano se hablaban cada vez más y juntos lograban sobrellevar mejor su soledad.
Llegó a la casa Aureliano Amador, el último hijo vivo de Aureliano Buendía. El joven estaba pidiendo asilo pero como ellos no lo conocían se lo negaron, por lo que fue asesinado por dos policías que llevaban años tras su pista. El día en que José Arcadio murió, Aureliano se dio cuenta de cuanto lo quería.
         Capítulo XVIII
Después de muchos años en Bruselas, Amaranta Úrsula llega a Macondo con su esposo. Estando en su casa ella se pudo dar cuenta de cómo había pasado el tiempo y casi inmediatamente se puso a arreglar la casa. Apareció con ropa llamativa y hablando en un tono de voz muy alto que no era lo acostumbrado en Macondo. Ella poseía una gran alegría y un gran espíritu, por lo que se notaba que no había estado en el pueblo durante gran parte de su vida.
Gastón su esposo pensó que la visita a Macondo era algo temporal, por lo que accedió a acompañarla. Al principio ni siquiera desempacó, se limitó a ayudar a Amaranta Úrsula a arreglar los desperfectos de la casa y a limpiar un poco. Gastón era por lo menos quince años mayor que su esposa pero su aire juvenil y desenfadado recompensaban esto. Los dos se amaban mucho y eran cómplices en sus locuras.
Gastón y Amaranta Úrsula se habían conocido tres años antes de casarse. Él la recogía en la escuela y juntos pasaban mucho tiempo en el club y enfrascados en múltiples aventuras. Su esposa le había hablado de Macondo como el lugar más maravilloso de la tierra, y donde ellos pasarían toda la vida con sus hijos. Por esta razón el aceptó el viaje pero al paso de los años él empezó a preocuparse y desesperarse porque ya no había nada qué hacer.
Aureliano disfrutaba mucho su recién adquirida libertad. Pasaba mucho tiempo en la librería donde había hecho varios amigos, que serían lo únicos que tendría por el resto de su vida. Juntos hablaban y discutían de muchos temas, y se pasaban tardes enteras estudiando a los autores más reconocidos de la época, incluso hacían varias competencias para probarse unos a otros. Gabriel era el más cercano a Aureliano, este lo apreciaba mucho por ser el único que parecía recordar a Aureliano Buendía y conocer su historia.
Aureliano empezó a sentir una atracción por Amaranta Úrsula. Al ver que no podía expresar sus sentimientos, trató de distraerse con una prostituta del pueblo, Nigromanta, pero lo único que conseguía era pensar más y más en Amaranta Úrsula. Aureliano se mantenía de vender las últimas cosas de valor que quedaban en la casa y cuando ya no tenía dinero iba pedir cabezas de pollo para hacer caldos.
Aureliano poco a poco fue integrándose a las comidas familiares. A Gastón esto le gustó y se quejaba con él de que sus socios tal vez lo estaban engañando porque había pasado mucho tiempo y no había recibido el paquete que les encargó. Aureliano al principio pensaba que Gastón era tonto, pero con el paso del tiempo se dio convenció de que era manipulador y perverso.
Cuando Amaranta Úrsula supo de boca de Aureliano lo que sentía por ella, se escandalizó. Le dijo que se iría a Bélgica lo más pronto posible y Aureliano se refugió en el cariño de Pilar Ternera, quien había pasado por el pueblo y lo había confundido con Aureliano Buendía. Sin embargo Amaranta no se fue y al contrario, sucumbió ante las propuestas de Aureliano.

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